miércoles, marzo 08, 2017

JESÚS EN EL PENTATEUCO






Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario,
y después de ponerse sus vestidos saldrá,
y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo,
y hará la expiación por sí y por el pueblo.
Levítico 16:24


Al sumo sacerdote, bajo el antiguo pacto, se le daban muchas responsabilidades sagradas, era representante de la nación de Israel delante de Dios. Esto era que intercedía ante Dios por el pueblo. Entre esta responsabilidad estaba la más sagrada de todas, del calendario judío. El ofrecer sacrificio por sus propios pecados primero y luego por Israel.

El sumo sacerdote llevaba los sacrificios al lugar santísimo. Allí ofrecía la sangre como expiación y purificación por sus pecados. Solo en esta ocasión, tenía acceso al lugar santísimo.

Si el pueblo y el sacerdote desobedecían este mandamiento entonces el pueblo no estaría en armonía  con Dios.

Jesús, el hijo de Dios llevo una vida perfecta y sin pecado, la sangre expiatoria de Cristo produce limpieza completa del pecado. Jesucristo fue por tanto, el sacerdote y el sacrifico perfecto, Su muerte trajo como resultado la salvación perfecta para todos los que  ponen su confianza en Él.

Porque no entro Cristo en el santuario hecho de mano figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios. Hebreos 4.24.

Nuestra salvación no depende de que hagamos buenas obras imperecederas. Depender de las buenas obras es algo así como vivir bajo el antiguo pacto.

Los creyentes pueden estar confiados en la salvación que se produce mediante la muerte salvadora de Jesús en la cruz.


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