Lavará luego su
cuerpo con agua en el lugar del santuario,
y después de
ponerse sus vestidos saldrá,
y hará su
holocausto, y el holocausto del pueblo,
y hará la expiación
por sí y por el pueblo.
Levítico 16:24
Al sumo sacerdote, bajo el antiguo
pacto, se le daban muchas responsabilidades sagradas, era representante de la
nación de Israel delante de Dios. Esto era que intercedía ante Dios por el
pueblo. Entre esta responsabilidad estaba la más sagrada de todas, del
calendario judío. El ofrecer sacrificio por sus propios pecados primero y luego
por Israel.
El sumo sacerdote llevaba los
sacrificios al lugar santísimo. Allí ofrecía la sangre como expiación y
purificación por sus pecados. Solo en esta ocasión, tenía acceso al lugar
santísimo.
Si el pueblo y el sacerdote
desobedecían este mandamiento entonces el pueblo no estaría en armonía con Dios.
Jesús, el hijo de Dios llevo una vida
perfecta y sin pecado, la sangre expiatoria de Cristo produce limpieza completa
del pecado. Jesucristo fue por tanto, el sacerdote y el sacrifico perfecto, Su
muerte trajo como resultado la salvación perfecta para todos los que ponen su confianza en Él.
Porque
no entro Cristo en el santuario hecho de mano figura del verdadero, sino en el
cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios.
Hebreos 4.24.
Nuestra salvación no depende de que
hagamos buenas obras imperecederas. Depender de las buenas obras es algo así
como vivir bajo el antiguo pacto.
Los creyentes pueden estar confiados
en la salvación que se produce mediante la muerte salvadora de Jesús en la
cruz.
Queremos orar por ti
Templo Cristiano Eben-ezer
Saludos cordiales, bendiciones
Maná para Eben-ezer
Búscanos y síguenos en Facebook


0 comentarios:
Publicar un comentario