Mas
el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo,
sino
que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
Lucas
18:13
Este
hombre era publicano, se encargaba de cobrar los impuestos en la antigua Roma,
y dada su profesión, era uno de los
despreciados de la sociedad.
No
sabemos con certeza cuál era su pecado, pero lo que si sabemos era que este lo
había separado de Dios. Pero la Biblia
nos dice que cuando él se humilló ante Dios, reconoció su pecado, y se
arrepintió de todo ello, Dios lo perdonó.
Hoy
en día si nos hemos alejado de Dios y hemos pecado, necesitamos hacer lo mismo
que este publicano. Necesitamos acércanos a Dios, necesitamos humillarnos ante Él, y pedirle que nos
perdone por nuestros pecados y con toda
sinceridad de corazón arrepentirnos de ellos y comprometernos con Dios a no
volverlos a cometer.
Tal
vez el mundo no sepa acerca de nuestros errores, tal vez no conozca nuestros
pecados, pero Dios sí. La buena noticia es que Dios ama al pecador y está
esperando que nosotros reconozcamos nuestros pecados para perdonarnos, para
salvarnos y darnos la vida eterna.
Dios
nos limpia en el momento en que nos arrepentimos, transforma nuestras vidas,
cambia nuestros corazones y nos hace
nuevas criaturas en Él. (2ª Corintios 5:17)
Queremos orar por ti
Templo Cristiano Eben-ezer
Saludos cordiales, bendiciones
Maná para Eben-ezer
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